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Una de las grandes premisas a la hora de comprar o construir una casa es la posibilidad de instalar algún tipo de alternativa a la energía eléctrica convencional, es decir, contar con alguna instalación de energías renovables. Lo primero que hay que tener en cuenta es que se requiere una perfecta coordinación entre las distintas partes del diseño y construcción de la casa, para que haya una sinergia que converja en el conveniente aprovechamiento de la energía del sol.
La calefacción mediante suelo radiante es una de las alternativas de energías renovables que mejor aprovechan la energía solar y más se adaptan al entorno doméstico. Además, en un sistema totalmente seguro y saludable, tanto que está recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se trata de una red de tuberías que se esparcen uniformemente por el suelo de la casa y que se encuentran enterradas bajo el pavimento. Por estas tuberías es por donde fluye el agua caliente que permitirá caldear el ambiente, a una temperatura de treinta y cinco a cuarenta grados, lo que diferencia al suelo radiante de otros sistemas de calefacción como los radiadores, los cuales calientan el agua a temperaturas de setenta y noventa grados centígrados.

Cuando se quiere instalar un suelo radiante en casa, se debe considerar el hecho de que necesita aproximadamente unos ocho centímetros más de altura extra; primero se colocan unos paneles aislantes, y a continuación una llamada capa de mortero, que se sitúa encima de las tuberías, y que tiene un grosor de unos cuatro centímetros. Esta losa es muy importante, y si es demasiado fina podría originar zonas frías y calientes en el suelo, al mismo tiempo que la aparición de grietas. Asimismo, las citadas tuberías y desagües que sobre todo encontramos en la zona del baño y la cocina, no suponen ningún problema a la hora de instalar el suelo radiante. Lo único que se aconseja es rodear estas tuberías con una banda perimetral para evitar la formación de puentes térmicos.
Se trata pues de un sistema bastante confortable y efectivo para los habitantes de la casa, pues mediante su reparto equitativo de la temperatura por toda la casa, permite mantener los pies calientes y la cabeza fría, evitando los temidos dolores de cabeza y sequedad ocular que provocan las calefacciones tradicionales. Además, esta graduación de la temperatura permite un gran ahorro energético y económico en el gasto doméstico. Con los sistemas de calefacción habituales el aire caliente suele situarse en la parte superior de la habitación, próximo al techo, si bien la necesidad del caldear está siempre más cerca del suelo; este malgasto de energía se evita claramente con la instalación de un suelo radiante. Asimismo, nuestra salud lo agradece, ya que la lentitud con la que se propaga el aire caliente evita que se levante polvo y por tanto microorganismo y otras sustancias alérgicas.
Los paneles captadores de energía solar que actúan para el suelo radiante pueden producir, incluso en invierno, agua caliente a una temperatura de cuarenta y cinco a sesenta grados, con lo que siempre nos aseguraremos de tener agua con la temperatura que queramos. Eso sí, en hogares que no sean de nueva construcción, la instalación resulta un tanto costosa, ya que requiere que se levante todo el pavimento para su colocación; por tanto, se aconseja aprovechar cualquier tipo de obra o remodelación en la casa para reducir costes. De igual forma, con unas pequeñas modificaciones, la misma instalación puede servir para refrigerar el suelo en verano, consiguiendo así un aprovechamiento total.
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